El fulano y la mengana

El fulano piensa siempre en la mengana, la llama en la mañana, en la tarde y a veces en la noche, casi siempre la despierta y siempre se disculpa. La mengana espera siempre la llamada del fulano y cuando el fulano no llama ella lo extraña, entonces le escribe y descubre que no puede sacarse de la cabeza la dulce sonrisa del fulano. Al fulano le gusta sentarse en un parque a leer antes de llegar a su trabajo; a la mengana le gustaría que un día el fulano la llamara y le leyera algunos versos para alegrarle la mañana.

A la mengana le gusta caminar, se pasaría horas caminando por el malecón, por el bulevard, por calles escondidas; el fulano se cansa cuando camina, pero él es tan gris que por la mengana camina nomás y no dice que se cansa. El fulano suele mirar a la mengana como un niño que mira un arbolito de navidad, a la mengana le enternece que el fulano la mire de esa manera y quisiera guardar esos instantes para hacerlos eternos en cajas de cristal.

Al fulano le gusta mucho estar solo y la mengana le ha dicho que ella también disfruta mucho de su soledad, entonces se buscan para fundir sus soledades en una sola. El fulano siempre le lleva chocolates a la mengana, pero se los come casi todos porque él es más rápido, luego le da besos a la mengana para que ella no se quede sin chocolate. A la mengana le gusta pasear en bicicleta y el fulano le ha dicho que un día la llevará en una bici por el malecón, la mengana se muere de miedo porque imagina que ese día se van a sacar la mugre por distraídos.

El fulano y la mengana muy pronto van a escaparse a un lugar fuera de este mundo, porque es menester, porque es la única forma de que por fin haya orden en el universo. El fulano una vez le leyó a la mengana un poema de Benedetti pero se pusieron tristes porque no les gustó el final, entonces la mengana miró al fulano con complicidad  y cometieron letricidio, perdónalos Marito por haber cambiado tu poema, es que aún no era tiempo de que esta historia tuviera un final.

Hablo de tu infinita soledad
dijo el fulano
quisiera entrar a saco en tu memoria
apoderarme de ella
desmantelarla desmentirla
despojarla de su último reducto

 tu soledad me abruma me alucina

dijo el fulano con dulzura
quisiera que en las noches me añorara
que me echara de menos
me recibiera a solas

pero sucede que

dijo calmosamente la mengana
si tu bendita soledad
se funde con la mía
ya no sabré si soy en vos
o vos terminas siéndome
¿cuál de las dos será
después de todo
mi soledad legítima?

Miráronse a los ojos

como si perdonaran
perdonándose

adiós

dijo el fulano

y la mengana
adiós

M. Benedetti

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Acerca de annyluna

Sedienta viajera del presente. Adoro mi malecón y mi bicicleta, me encanta la música y el flan. Me gusta andar sin zapatos, la fotografía, las trufas, el cine y los instrumentos de percusión. Sueño con una casa de madera y ventanas inmensas cerca de algún río, viajar a mil lugares en todo el mundo y reencarnarme en algún ser que tenga alas.

2 Respuestas a “El fulano y la mengana

  1. FLORENCIA

    Ah, pero que hermoso lo que escribiste!! Te felicito, me encantó este homenaje y “perdón” a Mario por el cambio del final del poema, yo también hoy por hoy lo cambiaría 🙂 Saludos

  2. Tras ese post hay una historia muy especial… ojalá tu estes viviendo ese momento especial también.

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Anny Luna

Amo a mi Joaquinito. Adoro mi malecón y mi bicicleta, me encanta la música y el flan. Me gusta andar sin zapatos, la fotografía, las trufas, el cine y los instrumentos de percusión. Sueño con seguir recorriendo mil lugares en todo el mundo y reencarnarme en algún ser que tenga alas.

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