El Terremoto Interior

Hace unas semanas así empezaba el blog de Renato Cisneros y es exactamente así como yo me sentía (hace unas semanas)…”Sabes que el terremoto te afectó cuando al día siguiente no puedes despegar los ojos de la tele (…). Sabes que el terremoto te duele cuando la piel se te pone de gallina al ver en la pantalla decenas de viviendas convertidas en una irreconocible masa de adobe; o cuando compruebas que tu mamá, tus hermanos y tus sobrinos están a tu lado, con vida, mientras a solo 200 kilómetros la muerte ha levantado su extenso y macabro campamento.”

 

Y estaba tan paralizada por todo lo que estaba pasando que no podía escribir nada, porque sabía que nada que pudiera escribir hubiera podido devolverme el equilibrio. Así como él, hace unas semanas, yo también estaba profundamente triste.

 

Y esa tristeza, se convirtío en tensión y la tensión en temor y el temor en pánico, en la sensación de no poder estar bien porque algo se seguía moviendo. Ya no era la tierra (aunque a veces sí) sino algo que venía de dentro. Incluso llegué a pensar que era la impotencia por no poder hacer nada, así que algo tenía que hacer. Como siempre yo, metiche, reconocida bullera  y organizadora de cuanto evento sea necesario organizar, me puse a enviar correos a mis amigos, contándoles todas las formas que existían para poder apoyar a la personas del Ica, Chincha y Pisco, no sólo para “ayudar” sino para convertirnos literalmente en “su apoyo”, tratando de involucrarlos en proyectos, de llamar su atención, porque desde aquí sentía que no podía hacer más.

 

Me apunté a lo de las brigadas psicológicas para ir a Pisco y Chincha, con mucho entusiasmo, pero también con mucho miedo, y no se lo he dicho a nadie aún, pero sí, tengo miedo. Porque no sé a lo que me enfrentaré, porque de un tiempo a esta parte me he estado cuestionando mucho si yo sirvo para esto, así que parece haber llegado la hora de probarse.

 

El miedo ya no es el mismo que el de hace unas semanas, de aquellas en las que no podía dormir. Y no solo porque, durante la madrugada, al detenerse todo, los cuerpos, los sonidos, los colores, sentía que mi cuerpo se estremecía, sino porque además me sentía abrumada por mil cosas, mil imágenes y pensamientos reboloteaban mi cabeza sin cesar.

 

Una noche me acosté con un dolor de brazo muy intenso, había estado con la Chatina cargando unas camionetas con donaciones en la municipalidad de miraflores y parece que me desgarré un músculo. Esa noche el dolor no me dejó dormir, pero no fue solo eso, fue además que empecé a sentir que no podía respirar y sentía que el corazón se me aceleraba a tal punto que podía reventar. No he sentido cosa parecida desde la vez que probé Ayahuasca, y entonces me di cuenta que algo andaba realmente muy mal. Tenía esa sensación terrible, espantosa, de que de un momento a otro mi corazón se iba a parar… todo mi cuerpo estaba congelándose, el frío me apuñalaba y no me dejaba volver en mí, ni siquiera para ponerme de pie y pedir ayuda.

 

Al día siguiente, después de haber entrado a la clinica por emergencia, se lo conté a mi jefa y ella me lo dijo muy clarito: “Has tenido un ataque de pánico”. ¿Un que?. ¡Dios!. ¿Y ahora?. Como diablos se supone que voy a  ir allá a contener a las personas que han pasado por una experiencia tan traumática, tan estremecedora como lo ha sido este terremoto de miércoles, si yo misma no podía estar bien. Y claro, eso… me puso peor todavía. Lo único que sabía era que tenía que tranquilizarme, que tenía que descansar y que me lo tenía que pensar bien antes de ir.

 

Han pasado ya dos semanas y, afortunadamente, está volviendo la calma. En mi vida hay cosas que van a cambiar radicalmete, ese ataque de pánico fue la señal de que ya no daba más, no sólo fue el terremoto del 15 de agosto, ha sido el terremoto que ha significado para mí todo este año. Ese estar donde no quiero estar y por eso no poder estar bien donde sí quiero estar, ese sentir que de pronto que nada tiene sentido (sobre todo desde que volví de la selva), ese darme cuenta que esto tenía que parar.

 

Aún no sé como decirle a mi jefa que voy a renunciar, aún no sé si entenderá mis razones, y es más, si es que quiero compartirlas. Sólo sé que este nuevo proyecto para trabajar con niños del amazonas me ha caído del cielo, de ese lugar que no se dónde está, pero que es de donde te llegan esas cosas que deseas con todo el corazón.

 

Y ahora habrá que ponerse de pie y construir todo desde cero. Este remezón, para bien y para mal, nos hará cambiar de rumbo y cambiar el rumbo, de vez en cuando, es bueno. Las personas que lo han perdido “todo” tienen que reconstruir sus vidas, no sólo sus casas, sus negocios, sino sobre todo sus sueños, su fortaleza, sus ganas de seguir. No sé como se hace cuando, como en este caso, más que muros y bienes materiales uno ha perdido un padre, una madre, un hijo o la familia completa, francamente no sé como se hace. Pero voy para allá, con todo lo que aún me queda de fortaleza y esperanza, para buscar dentro de esas personas lo mismo que tanto me ha costado encontrar en mí.

 

No se trata de olvidar ni de querer tapar el sol con un dedo. Se trata por sobre todo de ser capaz de reconocer y expresar qué es lo que siento ahora para no guardármelo y dejar que me siga matando, y qué es lo que aún me queda para poder sostenerme desde dentro ahora que a mi alrededor todo falla. Se trata de ponerse de pie y mirar que hay algo detrás de esa colina, que no sé que es, pero por dios que sé que hay algo, y tengo que poder caminar hasta allá para descubrirlo. Siento que lo peor que uno puede hacer en estos casos es quedarse paralizado, aunque se nos hayan desvanecido todos los motivos por los que vivir… hay que seguir buscando. Después de todo, como dicen por ahí, buscar nuevas razones para vivir, siempre será una buena razón para seguir viviendo. 

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Acerca de annyluna

Sedienta viajera del presente. Adoro mi malecón y mi bicicleta, me encanta la música y el flan. Me gusta andar sin zapatos, la fotografía, las trufas, el cine y los instrumentos de percusión. Sueño con una casa de madera y ventanas inmensas cerca de algún río, viajar a mil lugares en todo el mundo y reencarnarme en algún ser que tenga alas.

3 Respuestas a “El Terremoto Interior

  1. No olvides que para poder ayudar tambien debes estar bien, que dese cuidarte y amarte profundamente para poder dar todo ese amor y llevar toda esa energia a quienes los necesitan.
    Sigo admirando tu gran fortaleza, sigo admirando tu gran iniciativa… pero no te olvides nucna que tambien debes cuidar mucho de ti para que esa iniciativa siga poniendo en pie y en movimiento mil millones de cosas.

  2. Estimada Snra

    Le escribo en nombre del Bachillerato Internacional porque estamos interesados en utilizar un fragmento de su blog en una de nuestras publicaciones y quisiéramos pedir permiso. Se trata de un cuento extraído de “El terremoto interior”.

    Le agradecería se pusiera en contacto conmigo y así explicarle mejor nuestra intención.

    Gracias de antemano.
    Saludos,
    Marjy Delwarde.

  3. Se me olvidaba! Mi correo electrónico es: marjorie.delwarde@ibo.org.

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Anny Luna

Amo a mi Joaquinito. Adoro mi malecón y mi bicicleta, me encanta la música y el flan. Me gusta andar sin zapatos, la fotografía, las trufas, el cine y los instrumentos de percusión. Sueño con seguir recorriendo mil lugares en todo el mundo y reencarnarme en algún ser que tenga alas.

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