Círculos

Mi jefe nos ha llevado a montar caballos, por que, no lo se y no lo necesito saber, el caso es que ahí estamos, viendo aquella muchacha de ojos turquesa haciendo elevar a su caballo tras el viento, como si tuviera alas, y saltaba, y corría, y volaba…y nosotros ahí, estupefactos, mirando como lo hacia y tomando conciencia de que nosotros no lograremos nunca tal cosa. “No se preocupen, ella tiene 7 años montando” nos decía el entrenador, pues ni en 7 años pensaba yo, recordando lo que sucedió aquella vez, en Sacsayhuaman, cuando mi rebelde caballo, primero, no quiso hacerme caso y se planto en mitad de la montaña, cuando luego se asusto por los truenos y se puso a relinchar y cuando, finalmente, salió despavorido y me dejo si aliento (por el susto) tumbada sobre el barro…”Pero, que le has hecho!” me gritaba el muchacho que supuestamente debía guiarme, yo aun no salía de mi asombro cuando de pronto en vez de darme la mano para sacarme del barro, el muchacho se hecho a correr tras el caballo. Eso se los conté para supieran porque me daba miedo montarme otra vez, y el entrenador me miraba y decía que yo sabia que tenia que montar, que por algo había ido hasta allí. Entonces, no se que paso en mi y sin pensarlo mas… me subí.

 

Mi caballo estaba calientito, bastante tranquilo, todos decían que era el caballo mas feliz, porque los demás estaban medio alterados. Y paseamos , primero al paso, después al trote y así lentamente fui sintiendo su temperatura, su tiempo, su ritmo, olvidando el miedo y recordando las historias de mi papá de cuando era niño, de lo mucho que le gustaban los caballos. Fue como estar soñando, y estar por un instante en su lugar, mirando todo a mi alrededor, la escuela, los amigos de su infancia, el molino. Al terminar el ruedo sucedió justo lo que el entrenado dijo “una vez que vences el miedo, al bajar del caballo ya eres otra persona”.

 

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Muy pronto llego el vino (es una costumbre, dicen) y después de la cuarta copa les confesé al entrenador y a la muchacha de ojos turquesa (que hacia terapia para niños autistas a través de los caballos) “Cada vez que yo me subo a un caballo siempre tengo cuidado en colocar mis pies de tal modo que pueda zafarlos sin quedar atorada, porque si el caballo empieza a correr tengo la fantasía (y será inevitable) de que voy a tirarme!”. No hay porque llegar a tanto, me decían esbozando una cálida sonrisa  “Solo comienza por hacer círculos” “El caballo  se ira calmando poco a poco” y me puse a pensar que es cierto, los movimientos circulares siempre traen de regreso al equilibrio, sino porque los Mandalas, sino porque Leonardo y su cuadratura humana, sino porque la necesidad de regresar a la infancia.

Hoy me he enfrentado a un miedo muy grande. La próxima vez, mientras me debata entre la inconmensurable soledad de la montaña y  la rebeldía de mi caballo, recordare que no se trata de “Tirarse” para acabar con eso que puede ser tan perturbador, sino de “mantenerse sobre”, así tenga que aferrarme con todo lo que hay dentro de mi, en el afán mandalico por la búsqueda del equilibrio.

Viernes 20 de Julio del 2007

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Acerca de annyluna

Sedienta viajera del presente. Adoro mi malecón y mi bicicleta, me encanta la música y el flan. Me gusta andar sin zapatos, la fotografía, las trufas, el cine y los instrumentos de percusión. Sueño con una casa de madera y ventanas inmensas cerca de algún río, viajar a mil lugares en todo el mundo y reencarnarme en algún ser que tenga alas.

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Anny Luna

Amo a mi Joaquinito. Adoro mi malecón y mi bicicleta, me encanta la música y el flan. Me gusta andar sin zapatos, la fotografía, las trufas, el cine y los instrumentos de percusión. Sueño con seguir recorriendo mil lugares en todo el mundo y reencarnarme en algún ser que tenga alas.

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